Ayer, 20 de octubre, fue el santo de mi Irene, movida por la curiosidad de conocer quién fue Santa Irene, os dejo la historia , (
http://cofrades.pasionensevilla.tv/profiles/blogs/santa-irene-virgen-y-martir)
¡FELICIDADES!
"SANTA IRENE" Virgen y Martir

Santa Irene nació en un pueblo llamado Nabancia en Portugal. Sus padres
fueron Hermigio y Eugenia y se esmeraron en dar a la niña una educación
cristiana.
Un tío suyo llamado Selio, abad del monasterio de Santa María resolvió
contribuir eficazmente al cultivo de aquella noble planta. Con esta mira
encargó a Remigio, monje del mismo monasterio, que educara a la niña.
Irene se educaba juntamente con Julia y Casta, tías suyas, y con otras
jóvenes, las cuales vivían en gran recogimiento, dedicadas al servicio
de Dios, con total separación de los tumultos del siglo.
Irene frecuentaba mucho los sacramentos. Un día la vio Britaldo, hijo de
Castinaldo, señor del pueblo, quien quedó tan ciegamente enamorado de
ella, que no pudiendo lograrla por esposa porque Irene tenía consagrada
su virginidad a Jesús, cayó en una profunda melancolía y profunda
tristeza, que lo pusieron en inminente riesgo de perder la vida.
Tuvo Irene revelación de la enfermedad que padecía Britaldo, y movida de
caridad determinó visitarle a fin de curar al joven poseído de una
pasión que exponía su salvación. Acompañada de algunas personas
honestas, pasó a casa del enfermo, y le habló Irene con tanta energía
sobre las prerrogativas y excelencias de su castidad y de los grandes
favores con que Dios premia esta virtud tan agradable a sus divinos
ojos, que serenado Britaldo enteramente, lo dejó consolado.
Volvió Irene a su retiro llena de alegría por el feliz éxito de una
expedición tan peligrosa. El demonio valiéndose de la familiaridad que
tenía Irene con Remigio, comenzó a hacer al monje tal cruel guerra,
levantando en el corazón de Remigio una tempestad de tentaciones
deshonestas, que rendido al fin a los violentos ataques del tentador,
vino a manifestar su pasión a Irene. Irene reprendió al religioso quien
resolvió vengarse de la inocente virgen, dándole a beber
artificiosamente una bebida que le hinchó el vientre en términos que
parecía estar embarazada.
Se divulgó la noticia por todo el pueblo; lo supo Britaldo y encendido
en descompasados celos envió a un soldado a darle muerte a Irene. Salió
una noche la Santa a desahogar sus penas a la ribera del río Naban,
cercano al pueblo, y cuando estaba de rodillas en la más fervorosa
oración bañada en lágrimas, el asesino le atravesó la garganta con una
espada y arrojó al río el cuerpo de la Mártir.
Ya se deja de ver el sentimiento que causaría en sus tías Julia y Casta
la pérdida de Irene. Estaban inconsolables temiendo algún rumbo
desastrado en la sobrina, estimulada de la dolorosa pena que la afligía
continuamente; pero aquel Señor que permitió el atentado por sus juicios
impenetrables, providenció los más asombrosos medios para declarar la
inocencia de su fidelísi ma sierva.
Se hallaba en oración su tío el abad penetrado del mismo sentimiento, y
habiéndole revelado Dios todo el suceso, valiéndose del alto concepto
que debía al pueblo, le convovó y condujo en solemne procesión al lugar
del homicidio. Las corrientes del río Naban habían llevado el venerable
cadáver al caudaloso río Tajo, y llegando a él la procesión, vieron con
admiración todos los concurrentes, que retiradas las aguas de su antigua
corriente, habian dejado en seco el cuerpo de la Santa sobre un
suntuoso sepulcro, labrado por ministerio de los Ángeles, con repetición
del mismo asombroso prodigio que sucedió en la muerte de San Clemente
Papa.
Quiso el abad con toda la comitiva extraer el cadáver de aquel lugar;
pero no pudiendo conseguirlo a pesar de las más eficaces diligencias,
quedaron todos convencidos de que era voluntad de Dios que allí
permaneciese, confirmándose más en este concepto con el nuevo prodigio
que ocurrió luego que se retiraron, que fue volver las aguas del Tajo a
su antigua corriente, cubriendo con su cristalina pureza la infame nota
que fulminó la iniquidad contra la casta esposa de Jesucristo, que quiso
recomendar la santidad de su fidelísima sierva con la referida
maravilla y con otros muchos milagros que obró al contacto de algunas
reliquias que el abad trajo a su monasterio: tomando el pueblo de
Scalabiz, en cuya jurisdicción estaba el sepulcro, el nombre de Santa
Irene, bien que corrompido y abreviado el vocablo, ha quedado el de
Santaren.
Del monje Reimigio y del soldado que asesinó a la Santa virgen dicen los
Breviarios que en Roma hicieron digna penitencia de sus pecados. Fijan
este suceso el año 653, en que reinaba Recesvinto en España.